Fue una de las primeras cosas que leí cuando empecé a investigar la relación entre la dieta, el consumo de azúcar y la enfermedad de Lyme crónica. Muchos pacientes afirmaban que había que eliminar el azúcar porque «alimenta a las bacterias», mientras que muchos médicos sostenían que no existía ninguna relación entre una cosa y la otra.
Entonces, ¿es cierto que el consumo de azúcar puede causar tantos problemas?
Te lo explico a continuación…
El efecto Warburg
Aunque no tiene una relación directa con la enfermedad de Lyme crónica, sí está relacionado con el metabolismo de las células tumorales.
El efecto Warburg describe cómo muchas células cancerosas obtienen gran parte de su energía a través de la glucólisis (consumo de glucosa), incluso cuando hay suficiente oxígeno disponible. Esto significa que muchos tumores (aunque no todos) muestran una elevada dependencia de la glucosa para su crecimiento y proliferación.
Algunas células tumorales también pueden utilizar otras fuentes de energía, como la glutamina o los ácidos grasos, pero la glucosa suele desempeñar un papel fundamental en su metabolismo.
Actividad reducida de los neutrófilos
Por otro lado, un estudio publicado en 1973 en el American Journal of Clinical Nutrition observó una disminución temporal de la capacidad fagocítica de los neutrófilos tras el consumo de azúcar.
Los neutrófilos son células fundamentales del sistema inmunitario encargadas de identificar y destruir microorganismos. Según los resultados de dicho estudio, su capacidad para fagocitar patógenos disminuía durante varias horas después de una ingesta elevada de azúcar.
Aunque se trata de un estudio antiguo y los mecanismos inmunológicos son mucho más complejos de lo que se conocía entonces, sigue siendo una referencia frecuente cuando se analiza la relación entre azúcar y función inmunitaria.
Borrelia burgdorferi y coinfecciones
La bacteria Borrelia burgdorferi, causante de la enfermedad de Lyme, posee un metabolismo relativamente simple y depende en gran medida de la glucosa como fuente de energía.
Esto no significa que consumir azúcar «alimente directamente» la infección de forma proporcional, ya que el organismo humano mantiene niveles relativamente estables de glucosa en sangre incluso durante el ayuno. Sin embargo, sí es cierto que la glucosa constituye una de sus principales fuentes energéticas.
Además de glucosa, Borrelia puede utilizar otros nutrientes presentes en el huésped, como aminoácidos y ácidos grasos. Una característica interesante es que apenas utiliza hierro para su metabolismo, a diferencia de muchas otras bacterias patógenas. Sin embargo, utiliza manganeso.
Bartonella
Las especies del género Bartonella poseen un metabolismo más complejo que Borrelia.
También utilizan glucosa como fuente de energía, pero cuentan con una respiración aeróbica más desarrollada y pueden aprovechar el oxígeno para producir energía de manera más eficiente. O sea, que si no tiene la presencia de glucosa, puede obtener energía del oxígeno.
Además, obtienen nutrientes del huésped, incluyendo aminoácidos, hierro y compuestos derivados del hemo presente en la sangre.
Babesia
Babesia no es una bacteria, sino un protozoo que infecta los glóbulos rojos.
Su principal fuente de energía también es la glucosa, aunque puede utilizar otros nutrientes disponibles en el interior de los eritrocitos. Asimismo, mantiene una estrecha relación con el metabolismo del hierro y la hemoglobina debido a su localización dentro de los glóbulos rojos.
El hongo Candida

La especie más frecuente es Candida albicans.
Candida puede utilizar diversos azúcares como fuente de energía, entre ellos:
- Glucosa
- Fructosa
- Manosa
- Maltosa
- Otros carbohidratos simples
De hecho, en condiciones de laboratorio, la presencia de azúcares favorece claramente su crecimiento.
Sin embargo, en la práctica clínica el problema suele ser más complejo. Cuando existe un sobrecrecimiento de Candida, especialmente en pacientes con tratamientos prolongados de antibióticos, el factor principal no suele ser únicamente el consumo de azúcar.
Con frecuencia intervienen varios factores:
- Alteraciones de la microbiota intestinal.
- Uso prolongado de antibióticos.
- Disfunciones inmunitarias.
- Estados inflamatorios persistentes.
- Alteraciones metabólicas.
Por este motivo, la reducción del consumo de azúcares puede formar parte de una estrategia útil para controlar su proliferación, pero normalmente debe acompañarse de medidas destinadas a restaurar la microbiota intestinal y mejorar el estado general del sistema inmunitario.
Azúcar e inflamación
La evidencia científica más sólida indica que un exceso de azúcares añadidos puede contribuir a una inflamación crónica de bajo grado mediante distintos mecanismos:
- Aumento de la grasa visceral.
- Resistencia a la insulina.
- Estrés oxidativo.
- Formación de productos de glicación avanzada (AGEs).
No suele provocar una inflamación aguda evidente, pero sí puede favorecer un entorno metabólico que contribuya a procesos inflamatorios crónicos.
Conclusión
Afirmar que «el azúcar alimenta directamente a las bacterias» es una simplificación excesiva. Sin embargo, también es cierto que muchas bacterias, hongos y parásitos utilizan la glucosa como parte de su metabolismo.
Más allá de eso, el exceso de azúcar parece estar relacionado con sus efectos sobre el metabolismo humano: aumento de la inflamación, resistencia a la insulina, alteración de la microbiota y posible deterioro de ciertos aspectos de la función inmunitaria.
